Por
Gonzalo G.
Madre, yo al oro me humillo,/ él es mi
amante y mi amado,/ pues de puro enamorado/ anda continuo amarillo./ Que pues
doblón o sencillo/ hace todo cuanto quiero,/ poderoso caballero es Don Dinero
“Poderoso
caballero es don Dinero”, Francisco de Quevedo
Es
el siglo XIX examinado por las formas de la prosa
burguesa, en cuanto ellas permiten auscultar cada objeto, gesto o
sentimiento de la “realidad” de la vida ordinaria. Perspicacia que tiene como
efectos claramente ideológicos, el
develamiento de sus mitos, supersticiones y prejuicios. Denuncia crítica que se
expresa estructuralmente en la novela Las
almas muertas de Gógol, donde el <<arte de observar>> se cumple
como un registro paródico de las formas o modos sociales, instigando una
furibunda casuística de clase que se define por su subsunción a “una mercancía
tan rara, una cosa nunca vista”.
En
una oscura conversación entre el antihéroe de la novela, el canalla Chichikov, y Sobakievich, un
avaro terrateniente, a raíz de la venta de almas
(como piadosamente se les llamaba a los siervos); se pretende demostrar el
modo general de entendimiento de las cosas y el mundo, cuyo trasfondo son las
desbocadas quimeras o fantasías de lo
social:
-Permítame- dijo Chichikov (…) ¿Para qué menciona usted
todas sus cualidades? Ahora no pueden reportar ninguna utilidad, son muertos. <<Un cuerpo muerto sólo puede estar
apoyado en la pared>>, dice el proverbio.
-Claro que son muertos- dijo Sobakievich (…) Pero ¿qué
son los que están vivos? ¿Qué gente es ésa? Son
moscas y no personas.
-Pero existen, y esos suyos son una quimera.
Sin duda, la
irrisoria empresa financiera de Chichikov, no esconde altos ideales ni siquiera
los más elementales apetitos, sino sencillamente “el afán de adquirir riquezas”
(la inmensa acumulación) que se
traduce en la inconformidad respecto a aquello que se desea. Todo parece cubrirse de harapos, cenizas y estiércol,
concierto de amos y esclavos que resulta de la prestidigitación del <<valor>>;
y encuentra su figura, grotesca e inquietante figura en el comprador o
especulador. Chichikov encarna de este modo, una forma de vida que es moneda de cambio de los equívocos y
pequeñeces de la sociedad burguesa.
Se trata de que ha llegado el momento de salvar a nuestra
patria; nuestra patria perece no por la invasión de los veinte idiomas
extranjeros, sino por nosotros mismos. Aparte del Gobierno legal se ha formado
otro mucho más fuerte que cualquier Gobierno legal. Han establecido sus
condiciones, todo está valorado y
hasta es del dominio público el precio.
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