domingo, 1 de septiembre de 2013

Migajas del presente, la cuenta de Chichikov

Por Gonzalo G.

Madre, yo al oro me humillo,/ él es mi amante y mi amado,/ pues de puro enamorado/ anda continuo amarillo./ Que pues doblón o sencillo/ hace todo cuanto quiero,/ poderoso caballero es Don Dinero
“Poderoso caballero es don Dinero”, Francisco de Quevedo

Es el siglo XIX examinado por las formas de la prosa burguesa, en cuanto ellas permiten auscultar cada objeto, gesto o sentimiento de la “realidad” de la vida ordinaria. Perspicacia que tiene como efectos claramente ideológicos, el develamiento de sus mitos, supersticiones y prejuicios. Denuncia crítica que se expresa estructuralmente en la novela Las almas muertas de Gógol, donde el <<arte de observar>> se cumple como un registro paródico de las formas o modos sociales, instigando una furibunda casuística de clase que se define por su subsunción a “una mercancía tan rara, una cosa nunca vista”.
En una oscura conversación entre el antihéroe de la novela, el canalla Chichikov, y Sobakievich, un avaro terrateniente, a raíz de la venta de almas (como piadosamente se les llamaba a los siervos); se pretende demostrar el modo general de entendimiento de las cosas y el mundo, cuyo trasfondo son las desbocadas quimeras o fantasías de lo social:

-Permítame- dijo Chichikov (…) ¿Para qué menciona usted todas sus cualidades? Ahora no pueden reportar ninguna utilidad, son muertos. <<Un cuerpo muerto sólo puede estar apoyado en la pared>>, dice el proverbio.
-Claro que son muertos- dijo Sobakievich (…) Pero ¿qué son los que están vivos? ¿Qué gente es ésa? Son moscas y no personas.
-Pero existen, y esos suyos son una quimera.

Sin duda, la irrisoria empresa financiera de Chichikov, no esconde altos ideales ni siquiera los más elementales apetitos, sino sencillamente “el afán de adquirir riquezas” (la inmensa acumulación) que se traduce en la inconformidad respecto a aquello que se desea. Todo parece cubrirse de harapos, cenizas y estiércol, concierto de amos y esclavos que resulta de la prestidigitación del <<valor>>; y encuentra su figura, grotesca e inquietante figura en el comprador o especulador. Chichikov encarna de este modo, una forma de vida que es moneda de cambio de los equívocos y pequeñeces de la sociedad burguesa.


Se trata de que ha llegado el momento de salvar a nuestra patria; nuestra patria perece no por la invasión de los veinte idiomas extranjeros, sino por nosotros mismos. Aparte del Gobierno legal se ha formado otro mucho más fuerte que cualquier Gobierno legal. Han establecido sus condiciones, todo está valorado y hasta es del dominio público el precio.

“Bendito el que sabe elegir la pasión más bella” y servir a su patria

Por Fabiolla C.

¿Qué es el alma? Dependiendo de la veta filosófica y/o religiosa (Occidente y Oriente), el alma puede interpretarse tanto como el “ser” esencial de los seres vivientes, o bien, lo que le da sentido a la movilidad natural de un ser vivo. En ambos casos, el alma es algo inmaterial, sin embargo, otorga vitalidad al “ser con alma”. ¿Qué podría significar “alma muerta”? un alma que no posee vida, que no tiene un contenedor, no sólo a nivel corpóreo, sino, en cuanto a la vitalidad, y si no posee vitalidad, entonces podría decirse que deja de ser alma, ya que deja de tener movilidad, porque ya no tiene vida.
Chichikov tuvo una infancia solitaria y arisca, y sus aprendizajes tuvieron que ver siempre con las conveniencias más que con los afectos. Ya mayor, se convierte en un empleado público arribista. Chichikov está en busca de siervos que estén muertos para hacerlos pasar por vivos y obtener así un patrimonio que le permita hacer creer que posee riquezas, y está dispuesto a realizar cualquier argucia para lograrlo. En simples palabras, es el incipiente pequeño burgués. Es a estos siervos muertos a los que se les llama “almas muertas” dentro de la obra. Chichikov emprende un viaje en el cual conoce a todos los propietarios y a todos los sirvientes existentes y por existir.1 Gógol hace un distinción notable entre estos dos grupos: propietarios, cuyo objetivo principal es acaudalar dinero y bienes (burgueses), y dentro de los cuales pueden estar dueños de tierras en el campo, dueños de casas en la ciudad y trabajadores institucionales, que al parecer son de los más “bajos” dentro de esta división. Y por otro lado, están los sirvientes, los mujiks, dentro de los que se encuentran toda clase de obreros: agricultores, carpinteros, zapateros, cocineras, constructores, cuidadores de animales, nodrizas, choferes; cuya posición se encuentra bajo los propietarios y empleados institucionales, pero que sin embargo, en su mayoría tienen una moral más concreta –a diferencia de los propietarios- respecto de su trabajo, puesto que no pueden cuestionar sus deberes.
Gógol nos relata que son los siervos sin vida los llamados “almas muertas”, sin embargo, a medida que transcurre la historia nos damos cuenta que todos estos personajes “propietarios” como Manilov, que no era <<ni esto ni lo otro>>; la viuda Koroboshka que según Chichikov <<ni come ni deja comer>>; Nozdrev, un personaje atípico, por sus excentricidades, un mitómano empedernido, lleno de pasiones exaltadas sin freno ni sentido alguno, pero que a través de su locura y sus mentiras pretendía lograr absolutamente cualquier cosa; Sobakievich, de quien Chichikov piensa <<mal cortado, pero bien cocido>>, un expresión que a mi parecer refiere a un “nuevo rico” de una manera despreciativa; Platonov, quien estaba completamente abrumado por la melancolía que le causaba el “tedio campesino”; y así, una serie de personajes que parecen vivir sus vidas de formas muy penosas, sólo preocupándose en su mayoría de las riquezas que pudiesen acaudalar y de la posición social a la que pudiesen llegar.

Finalmente, Gógol nos presenta una enseñanza moralizante, donde el ser humano termina menoscabando su propia alma a causa de su ambición y de los límites a los que llega lo veleidosos que p(odemos)ueden ser, y terminan siendo estas las almas muertas, incluyendo a Chichikov, quien nunca tuvo amor por nadie ni por sí mismo; todos estos, personajes vacíos, como carentes de vida, almas muertas.

El pesar de las almas vivas

Por Víctor S.

El viaje por la inmensa Rusia. Eternos caminos. Espíritus grises de la modernidad. Un héroe, el canalla. Almas Muertas de Gogol y su protagonista Chichivok, nos muestra una convulsionada sociedad presa de los cambios e influencias foráneas, que no deja tras si los vicios y la corrupción que el propio autor adjudica a los habitantes de Rusia. En medio de aquel escenario, nuestro héroe Chichikov consciente de su destino, el ser millonario, usa las propias armas de aquella Rusia tan irónica como suspicaz que impregnan las páginas de la obra, en su “gran estafa”: La compra de almas muertas, que a pesar de estar muertas, paradójicamente siguen teniendo utilidad, valor de compra-venta.
Chichikov sin escrúpulos y con elocuencia, recorre las ciudades en busca de su provecho, visitando aldeas y sus propietarios, con los cuales, además de observarlos y estudiarlos incisivamente, los utiliza a su favor de su proyecto secreto. Su comercio es el ánima, las propias almas de sus interlocutores, seducidas por el tenor de sus discursos y constantes complacencias en gran parte de los casos, ya que son el medio por el cual alimenta su propia voluntad de existencia, su deseo que le es tan esquivo.
Nos atrapa lo paradójico del proyecto Chichikov y sus almas muertas, pero ésta sólo es el inverso de una constante persecución que corren las propia sociedad en la cual se ve inmerso. La inquietud entre los personajes es por el devenir de la moral rusa, que acaece ante el desenfreno de las contradicciones de la modernidad, su intelectualidad, voluptuosidad material y otras diversas prácticas. Esta máquina se concretiza en la ley y sus instituciones. Es de apreciar la constante referencia a la burocracia o al gobierno administrativo, que esconde el polvo bajo la alfombra, que funciona en gran medida por la corrupción que le habita y que ensombrece los hechos y verdades que allí se presentan, y es quizás aquello -su propia terquedad al cambio- la viva presencia de la contradicciones presentadas por Gogol. Por ello Chichikov, como buen canalla, es lúcido, conoce el estado de la cuestión y con ello, produce su inmunidad moral ante los otros  y adquiere la agilidad de espíritu, representada en su constante vaivén por los caminos, ciudades y hogares: es la historia de su vida.
El campo y el trabajo parecieran ser el único lugar que oficia de salida ante lo anteriormente mencionado. El lenguaje de la resistencia es el del trabajo y el trato directo con la materialidad de las cosas, virtud que sólo guardan algunos personajes, que incluso, causan admiración a nuestro héroe, porque es allí donde reside el verdadero lenguaje  de aquellas tierras, lenguaje que se levanta como universal. Pero a pesar de aquello, Chichikov no guarda escrúpulos para el cumplimiento de sus objetivos. Las almas muertas son sólo una función más de la maraña de su empresa, las únicas almas que allí valen son las que hablan, las que se presentan con tedio, las que su voluntad ha sido doblegada por el vicio, etc., es allí donde lo religioso del texto se presenta: las únicas almas muertas son las vivas, específicamente, las que han perdido la virtud, incluyendo aquí al propio Chichikov.
Sin embargo, no todo estaba dicho para nuestro héroe, al final de la novela en medio del caos producido por su propia corrupción –ya que pudo haber sido inmune a los demás, pero no a sí mismo y sus obras- en la cual padece su vida infame, es el lenguaje de la resistencia el que lo toma y lo salva. Al parecer llegaba su tiempo, la búsqueda de otros caminos y un pesar propio, no ya dirigido a sus almas muertas, sino a sí mismo:

¡Dios mío, cuántos sois, amontonados aquí! ¿Qué hacías en vuestro día, mis queridas almas? ¿Cómo lo pasábais?